
A muchos nos ha pasado que vamos caminando por la calle cuando vemos una mujer que no es muy bonita, pero sabe destacar sus mejores ángulos, es cuando recordamos esa vieja frase “no hay mujer fea, sino mal arreglada”, así mismo pasa en el mercadeo, sobre todo en el actual, como vimos en el articulo anterior es muy bueno darle un cambio a nuestra imagen aprovechando nuestras cualidades.
Cuando nosotros hablamos de un cambio de imagen hay que tener en cuenta que no todos los cambios son buenos, es decir, no todas las marcas tienen que hacer un cambio de imagen, al menos no con tanta frecuencia. Cuando se le hace muchos cambios a una marca se puede llegar a perder la identidad de la marca.
Lo primero que necesitamos saber es como nos ve el consumidor, pues es el mismo consumidor el que después va a ver la diferencia en nuestra marca. Si el consumidor nos ve como una marca alegre, espontanea no tenemos que volvernos una marca negativa y cerrada a las ideas, por el contrario, si ya tenemos esa imagen podemos reforzarla, en ese momento entran los diseñadores y creativos de las agencias a pensar cual va a ser el truco para continuar con esa imagen pero que se perciba el cambio.
Otra de las posibilidades es que tengamos una imagen negativa ante los clientes, en ese caso si es recomendable hacerle cambios muy fuetes a la imagen, y en el peor de los casos es mas fácil y es mejor “matar” la marca, desaparecerla del mercado y de la mente del consumidor para darle espacio a una nueva marca con el mismo producto.
Muchas veces los problemas en el momento de las ventas no es solo por le producto en si, tiene mucho que ver el empaque, la forma en que este expuesto el producto, la imagen entre otros factores.
Después de darnos cuenta de lo importante que es la imagen podríamos decir nuevamente esa frase que usamos al principio del texto, pero esta vez desde los ojos del mercadeo y no desde los de un hombre, con esto quiero concluir: “no hay marcas malas sino mal arregladas”.

